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UNA MIRADA DESDE LA SALLE MANAGUA “25 años ayudando a pasar de los sueños a la realidad”

 
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UNA MIRADA DESDE LA SALLE MANAGUA “25 años ayudando a pasar de los sueños a la realidad”
de Administrador Managua - lunes, 11 de abril de 2016, 13:35
 

Corrían los últimos meses del año 1990 cuando en un barrio obrero casi a las afueras de una pequeña ciudad castellana donde viven gentes de “buena masa” como diría en su época nuestra Santa Teresa, un puñado de valientes soñadores empezaron a idear la forma de que esos sueños dejaran de serlo y empezaran a hacerse sólidas realidades.

 

Estamos en el barrio de “Pan y Guindas” en la calle Managua de la ciudad de Palencia donde en unos bajos comerciales, hasta ese momento en obra, se iba a empezar a producir esa revolución, cambiar sueños muchas veces rotos en realidades vivas y prometedoras.

 

Las grandes gestas son obras de grupos unidos y con las ideas claras… y aquellos primeros conquistadores, tenían ambas cualidades a las que añadieron entre otras una gran imaginación, una voluntad  e ilusión sin límites.

 

Y aquella buena masa ha hecho posible que a pesar de infinidad de dificultades, de incomprensiones, de gentes con poder pero sin visión humana, solo pendientes de los números, cifras; el sólido edificio surgido de seguras bases y cimentado en grandes corazones de mujeres y hombres, seglares y Hermanos… siga aún en pie y firme.

 

No, no voy hacer la historia de estos 25 años de La Salle Managua, eso lo dejo para gente más experta, yo sencillamente quiero dejar aflorar de mi corazón algunos de los sentimientos que mis ya 13 años aquí salen a la luz.

 

Para mí como Hermano de La Salle ha sido un privilegio haber llegado a este pequeño Centro, después de andar liado en los últimos años en jefaturas de estudios de Secundaria en Burgos  y Ntra. Sra. De Lourdes y mi feliz estancia en La Inmaculada de Santiago, el aterrizar aquí ha supuesto un vivir en más cercanía el objetivo de nuetsra misión, atender a los más pobres.

Sencillamente el situarme en un nuevo contexto con unos alumnos tan necesitados de atención y cariño como los anteriores, con una diferencia que en otros contextos ese cariño y atención estaba en general atendido y aquí en general carentes de él… y ahí entraba y entra nuestra labor como educadores… estar con ellos, entre ellos, en ellos… y que ellos nos sientan así, en ellos…

¿Juegos de palabras? No. Vivencias reales.

 

Tan reales como los “milagros” que vivimos cada día, cuando escuchas a algunos de nuestros alumnos y alumnas, que ¿por qué tenemos que darles vacaciones? Que ellos quieren seguir viniendo al Centro o que para algunos los fines de semana es la parte peor de la semana porque no vienen al Centro y no saben o no tienen nada que hacer… y en ocasiones quienes dicen eso tenían el título de absentistas y ganado a pulso. ¿Dónde está el milagro?

Pues en algo tan sencillo como poco frecuente en algunos ámbitos escolares, que ellos se sientes considerados como personas, que se sientes escuchados, apreciados, tenidos en cuenta.

Y para que los alumnos capten y vivas y verbalicen eso, no es que un profesor o profesora tenga esos gestos o esa actitud, sino que es el conjunto del Claustro quienes viven esa dinámica, podríamos decir  esa “mística” de la empatía con los alumnos/as.

Si algo me llamó la atención en mis primeros tiempos en La Salle Managua fue la calidad humana y lasaliana del conjunto del profesorado, su unidad, su ambiente sencillo y acogedor, su apertura a las innovaciones, el participación activa de todos en tantos cursillos en los que tratábamos de llegar a lo más profundo de la persona para luego poder dar a los nuestros, aquello que habíamos practicado o descubierto antes en nosotros.

 

Qué pena que mentes ciegas y pragmáticas, sin nada de sensibilidad por lo que es importante en la educación de los jóvenes en el umbral de tantas pobrezas, no tuvieran esa visión para seguir apoyando esta obra al completo.

 

En contraposición a esas personas, podría poner muchos testimonios vividos en estos cuatro últimos años, pongo uno como ejemplo. Cuando estábamos ya a unos meses de tener que despedir a un tercio del profesorado… sí a un tercio, recuerdo como un ejemplo de amor a estos chicos a uno de los profesores que desgraciadamente sigue sin trabajo, en una de las reuniones el decir: “yo no siento tanto por mí, que me voy a la calle, sino por los alumnos que no van a disponer de los medios necesarios para ser bien atendidos y ellos son los que más lo necesitan, pues os va ser imposibe que quedéis no podréis atender a los muchachos como se merecen por mucho que hagáis lo imposible

Bien sabemos tanto los que nos quedamos como los que tuvieron que irse, el daño inmenso que esa decisión ha hecho a este colectivo en nuestra ciudad…

Todavía me suenan en los oídos las quejas de los alumnos de segundo cuando volvieron al Centro, después del descalabro de reducir un tercio del profesorado, y que decían es que el año pasado íbamos a…, el año pasado hacíamos… y ellos mismos como queriendo hacernos entender que no era nuestra la culpa, añadían, ya sabemos que no podéis que sois muchos menos profesores, pero es que…

 

Y como en los momentos malos y adversos es cuando se conoce la valía de las personas y de los grupos, no hemos querido refugiarnos en las lamentaciones y hemos tratado de salir a flote centrando nuestra atención en lo importante: cómo ayudar a estos jóvenes a salir adelante. En esa tarea estamos empeñados.

La fuerza interna de este claustro, que considero muy especial, hace que las nuevas incorporaciones que ha habido este año estén entrando muy bien en su espíritu, como decimos por estos lares, el espíritu managüero con lo bueno y lo malo, que algo tiene también…

 

Volviendo la mirada atrás, agradezco a todos los profesores y Hermanos que han dejado su huella entre nosotros, unos ya disfrutando de la paz de Padre y otros luchando con la enfermedad y otros disfrutando del sol o el frío de cada día. Cuántas ilusiones puestas, cuántos desvelos y cuántas alegrías  compartidas. ¡Gracias!

 

Gracias a todos los alumnos que han vivido y bebido lo mejor de La Salle Managua, quienes a veces se acercan con sus retoños, y nos muestran su agradecimiento.

Gracias a los padres o educadores con los que hemos compartido sueños, ilusiones y algunas veces decepciones.

Gracias al Padre Dios que nunca ha dejado de tender su mano y soplar su Espíritu sobre las mentes cansadas, las ilusiones flaqueantes, las fuerzas débiles y nos ha ayudado a salir a flote.

Gracias por llegar con vida, ilusión y proyectos a los 25 años de vida.

 

Tirso Verdugo